Una historia sobre la Laguna de Sonso

Aquí ya no hay agua, aquí ya no hay nada

Visitar la Laguna de Sonso es conocer el origen de las tierras vallecaucanas. Ese era el propósito que tenía  Colegio Hebreo “Jorge Isaacs” de Cali para sus estudiantes de tercero de primaria, en el año  1995. Todos los años se realizaba un paseo de tres días en Buga de donde salían, en una larga caminata, unos 20 estudiantes junto con tres docentes del Colegio con solo una imagen en la mente que debía ser vista en la realidad: la laguna que hace que el Valle sea el Valle.

La Laguna de Sonso, o del Chirmacal, se encuentra entre los municipios de Yotoco, Buga y Guacarí y hace parte de un complejo hídrico que es el que mantiene el equilibrio de la flora y fauna del área vallecaucana. Solía tener comunicación con el río Sonso. Esta conexión fue importante por las funciones que cumplía la Laguna con respecto al río en cuestiones de limpieza y flujo del agua. Además, de la Laguna se desprendían siete caños y más adelante, en 1970, cerca de uno de ellos se ubicó un poblado de pescadores. Suficiente información como para que el paseo del Colegio abarcara contenidos programáticos de más de tres asignaturas: historia, geografía y biología.

Salir de la ciudad sin sus padres, pero además escaparse del ambiente escuelero por unos días era algo muy llamativo para los estudiantes. La Laguna era de lo menos importante, y mientras se subían al bus que los llevaría a Buga ni siquiera se les pasó por la mente lo mucho que en algún momento iban a desear llegar a ella.

El primer día fue solo de viaje (carretera Cali – Buga con parada en el municipio de Yotoco gracias al profesor de Historia quería hablar un poco sobre el lugar) y de instalarse en un pequeño hotel bugueño que despertó la emoción de los niños al darse cuenta de la presencia de una enorme piscina y un jacuzzi. Hacia las diez de la noche los profesores ordenaron que era hora de acostarse puesto que al día siguiente les esperaba una larga caminata. Antes de dormirse hubo una pequeña reunión en una de las habitaciones de los alumnos en donde, en medio de un juego, seis de ellos fueron retados a lanzarse a la Laguna al otro día. Fue ahí cuando uno de los más aplicados de la clase lanzó el dato: “La Laguna es Reserva Natural desde 1978, nos van a matar”.

Al día siguiente la caminata empezó temprano. Eran las siete de la mañana y la imagen de la Laguna que los niños tenían en sus cabezas iba tomando cada vez más forma gracias a la profesora de Biología que les lanzaba detalles como salpicándolos con un poco de agua. Y agua era en lo único que podían pensar, el calor era sofocante y húmedo. Dolía tocarse la cabeza de lo caliente que estaba el cabello.

A medida que avanzaban el suelo se sentía más mojado, esto se hacía evidente por el color de la tierra que se pegaba en los tenis de algunos estudiantes que miraban con envidia las botas pantaneras de su directora de grupo. Llevaban poco más de dos horas caminando cuando empezaron a aparecer pequeños caracoles bajo sus pies y algunas dudas acerca de la existencia de la Laguna. Luego de una hora más de caminata salieron el sudor y el cansancio acompañados por frases como: “esa Laguna se debe haber secado hace años” y “aquí ya no hay agua, ya no hay nada”.

Desde 1991 la Laguna de Sonso entró en un proceso de extinción por razones ligadas a cambios en su ecosistema, sedimentación y contaminación causada por el ser humano. Esto ocasionó problemas significativos en cuanto a producción de peces. La construcción de una de las carreteras que llevó a los estudiantes del Colegio Hebreo hacia la Laguna hizo que se taparan cinco de los siete caños que se comunicaban con ella, alterando el flujo normal del agua.

Actualmente la Laguna de Sonso está en mejores condiciones gracias a la Corporación Autónoma Regional del Valle del Río Cauca, que en su momento propuso programas para inyectar cultivos de peces en zonas estratégicas del río Cauca, y poner filtros que ayudaran a controlar los deshechos arrojados por la industria vallecaucana. Todo lo contrario a lo que pensaron algunos de los ex alumnos que estuvieron ahí en 1995, que cuando se enteraron de esto respondieron: “yo pensé que estaba seca”.