¿Qué es el servicio?

El que tenga tienda que la atienda

Hoy fuimos a comprar una torta porque una compañera de la oficina cumple años. Seguramente ésta es una práctica familiar y divertida para aquellos que trabajan, sobretodo porque tenemos una excusa para suplir esa necesidad de un pequeño antojo en las tardes.

Cascabel es uno de mis lugares favoritos para comer torta, y cuando digo torta me refiero a lo que muchos llaman “ponqué”, aunque esta es una palabra que yo nunca utilizo, porque realmente la conocí cuando vine a vivir a Bogotá.

La palabra ponqué es un anglicismo, y como anglicismo me fascina, ya que se refiere al pound cake, una de las formas más tradicionales para preparar torta siguiendo una sola regla básica.

Una libra de cuatro ingredientes básicos: harina, azúcar, huevos y mantequilla.

Volviendo a Cascabel, ahí venden ponqués, y de los mejores de Bogotá. Mi sugerencia fue ir ahí porque las tortas son deliciosas y los precios muy razonables, sin embargo nos fuimos decepcionadas.

Ponqués Cascabel - Maldeadora Blog

Ponqués de Cascabel

Resulta que en el local de Hacienda Santa Bárbara sólo había una persona atendiendo, y en el momento en que entramos había una señora preguntando por los precios y sabores de cada uno de los productos. Conozco este tipo de clientes, indecisos y exigentes, que quieren conocer toda la carta y miran feo cuando otra persona quiere hacer una pregunta, y lo cierto es que si llegó primero y no sabe qué llevar necesita de toda la atención de uno de los colaboradores para que lo asista.

Mi compañera empezó a preguntarme sobre las tortas mientras la señorita de Cascabel atendía a la otra cliente, y como siempre yo sabía todo acerca de los productos y podía asegurar que eran deliciosos. Miramos varias opciones y cuando nos decidimos vi que la otra cliente aún estaba preguntando, así que le dije a la colaboradora que estábamos listas para pagar, a lo que nos respondió que esperáramos pues estaba atendiendo a la otra cliente.

Para no hacer más largo el cuento, y como ya se lo imaginarán, esperamos un rato, cosa que nos dio tiempo para conversar e incluso pensar en otras opciones de torta pues no podíamos demorarnos más. Incluso alcanzamos a salir a preguntarle al guardia de seguridad si había otra pastelería, y apenas nos respondió nos fuimos sin pensarlo, pues la señorita de Cascabel aún no se desocupaba.

Esto no es un problema de la colaboradora de Cascabel, aunque es cierto que pudo haber agilizado un poco las cosas. Lo cierto es que hay un problema de logística, que quedó por debajo del servicio, porque seguro la cliente que estaba antes de nosotras salió muy contenta por la asesoría que le dieron, y va a reforzar su opinión sobre Cascabel cuando pruebe la torta.

Yo no voy a dejar de comprar en Cascabel por este pequeño inconveniente. Sin embargo es probable que quien me acompañó no se haya llevado una buena impresión, pues no conocía los productos tanto como yo. Me quedé pensando en cuántas personas han dejado de disfrutar de una deliciosa torta de Cascabel por cosas como esta.

Espero encontrar a la misma colaboradora que estaba hoy, atendiendo con todo el conocimiento, con una compañera que la apoye cuando sea el próximo cumpleaños.