PRECAUCIÓN BEBIDA CALIENTE Y MALA ATENCIÓN – La amarga historia del Oma de Metrópolis

“Oma significa abuela en alemán”, me dijo mi abuela Nana una de las primeras veces que vine a Bogotá con ella.

En mi casa no se tomaba café nunca, pero desde muy temprana edad mi abuela Nana, adicta a la cafeína, me introdujo al oscuro y apasionante mundo de esta deliciosa bebida. El café es, probablemente, el lazo más fuerte que hay entre mi abuela y yo, y hoy en día en mi casa hay café todas las mañanas por eso.

Pero volviendo a Oma. La primera vez que vine a Bogotá con mi abuela Nana conocí el café de Oma. Creo que tenía 11 años. Desde entonces Oma ha estado en mi corazón, me acompañó durante un año de Publicidad en la Universidad Jorge Tadeo Lozano y cinco años más de Comunicación Social en el Externado. Sin contar las tardes de café con amigas en el local de la carrera 19, cerca a la 122. Siempre he preferido Oma sobre todos los demás cafés.

Oma

Hoy trabajo en Carvajal Información, cuyas oficinas quedan en el Centro Comercial Metrópolis. Se imaginarán mi emoción cuando vi, en mi primer día, que había un local de Oma en el primer piso. Incluso cuando me enteré de que en la oficina no tenía que pagar por el café, yo seguí siendo fiel a Oma, sin embargo desde el primer día me decepcionaron con su atención. Las señoritas que trabajan ahí son antipáticas y frías. Me da tristeza porque Oma es mi café favorito y en todas las ocasiones lo prefiero por encima de cualquier otro, pero en mi día a día me tengo que enfrentar a cosas como que no me regalen una servilleta de más, o situaciones como la que viví la semana pasada cuando fui a comprar un queso pera y no tenían cambio de un billete de $50.000. La señorita se limitó a decir “no” y a voltearse. La verdad pensé que había ido a buscar quien le cambiara algún billete y me quedé esperando unos minutos hasta que desistí porque la vi limpiando mesas. No sólo perdió una venta, también perdió a un cliente fiel. 

Yo hubiera ido a cambiar mi billete a otro lado, pero la verdad una vez más me fui triste porque ya me han pasado cosas por el estilo y lo cierto es que no quisiera volver, considerando que después de este último evento subí y me senté en mi escritorio, y escribí el siguiente tuit:

Inmediatamente me empezaron a llegar respuestas de varias personas y portales que me invitaban a relatar mi experiencia y hacerla pública, pero yo decidí que no quería dejar mal el nombre de mi café favorito y les escribí un mensaje privado en su fan page exponiendo todas mis malas experiencias:

Tras reiterar mis datos hoy no he recibido más respuesta, y a pesar de que me resistí mucho a escribir este post veo que es necesario llamar un poco la atención. Quizá alguien preocupado por el mercadeo de la marca analice de una vez por todas esta situación y haga algo.

No espero un café gratis ni mucho menos, pero si me hubiera gustado ver un poco más de interés y no una respuesta sacada de un guión de qué hacer cuando llega una queja por servicio al cliente. Si algo deberíamos saber los Community Managers es que podemos aprovechar estas situaciones, no sólo para arreglar el problema específico con un cliente, sino también para reforzar el nombre de la marca y demostrar que nuestro trabajo trasciende la publicación diaria de posts.

Señores de Oma, la única amargura que disfruto es la del café, pues lo tomo sin azúcar. No permitan que no vuelva a tomar el suyo.