Ruta Gastronómica en Villa de Leyva

Yo nunca había ido a Villa de Leyva. Bueno, mi mamá dice que si, que ella me llevó cuando tenía siete años, pero la verdad yo me acuerdo de ese paseo del que ella habla, en el cual visitamos muchos pueblos colombianos y, sinceramente, no recuerdo haber estado ahí.

Cuando nos fuimos el viernes por la mañana no pensé que iba a tener una de las mejores experiencias gastronómicas que haya tenido en Colombia. Comenzó de la mejor forma: aguadepanela, almojábanas y queso cuajada realmente fresco en la panadería La Diana, sobre la carretera que va para Villa de Leyva, llegando a Tocancipá. Como algunos de ustedes sabrán, de ahí en adelante mi paseo se resume a comer, comer y comer.

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Llegamos a Villa de Leyva a eso de las 11 de la mañana y nos instalamos en un hotel en la Calle Caliente, muy cerca de la plaza. Fuimos a reservar unas bicicletas para por la tarde e inmediatamente comenzamos a buscar un lugar encantador para almorzar, y efectivamente entramos a Casa Quintero y nos sentamos en el lugar del nombre más conveniente: Hechizo de Luna. Les recomiendo definitivamente que si llegan a ir pidan la Pizza Caprichosa, o la Primavera. Yo no soy muy fanática de las pizzas pero esas estaban exquisitas.

Los que ya me conocen saben que puedo estar completamente llena pero nunca le digo que no al postre, a ninguna hora del día. Ahí mismo, en Casa Quintero está la mejor pastelería-café, probablemente de Colombia: Matilde Blain. No pueden dejar de ir! Les recomiendo los brownies y la torta de limón con semillas de amapola. Pronto empezarán a pensar que me subí unos cuantos kilos después de este viaje pero para la tranquilidad de mi mamá, y de todos los demás preocupados por mi peso, les cuento que fue un paseo muy activo y deportista.

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Luego de una tarde de bicicletas, fósiles y pozos azules nos tomamos un café con un excelente Pie de Coco en La Galleta, y en la noche estuvimos en Mama Santa, un restaurante muy bueno que nos recomendaron por sus deliciosos lomos en diferentes salsas. Ahí nos tomamos una botella de vino rosado que fue el mejor complemento a una cena de 10 de la noche.

Al otro día, por la mañana fuimos a un lugar mágico, El Patio de Van Gogh, y no lo digo sólo por el rico desayuno que nos sirvieron. Si van entenderán por qué.

Luego hicimos la caminata por La Periquera. Cascadas, naturaleza y muchos animales para acariciar (aunque no creo que estuvieran ahí para que los acariciara): vacas, pavos, perros, gatos, gallos y más. Volvimos muertos de hambre, para variar, y caímos en Rakamandaka, un restaurante en el que sirven champiñones en salsa de queso azul como entrada, y platos asiáticos de excelente sabor. Y adivinen qué? Postre en El Café de los Guardias, un lugar de ambiente cálido y familiar, atendido por gente hermosa.

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Les recomiendo también restaurantes como Antique y Vástago, los pandebonos recien hechos de la panadería Frescopan, y comprar quesos frescos en el camino de vuelta si pasan por Ubaté.